Recuerdo, que hace unos años estuve viviendo en el centro de la ciudad y
que todos los días veía a un abuelito arreglar su puerta. El vivía en una
casita que daba directamente a la calle y se dedicaba cada día a barrerla, a
arreglar el árbol que tenía a la altura de su ventana, a sacar las hojas secas
de sus geranios y a regarlos con mimo y esmero.
Foto Mario Izquierdo
Cada día que pasaba, lo veía con la mejor de sus sonrisas, bien vestido y aseado dedicándose a sus tareas cotidianas mientras saludaba y daba los buenos días a todo el que pasaba. No sé qué edad tendría, pero era bastante mayor. Era un abuelito.
Yo
siempre pensé que ese señor se levantaba por las mañanas con el firme propósito
de arreglar su casa y saludar a los vecinos y que el día que le negaran o no
pudiera hacer esa tarea, sería el fin de sus días.
Todos necesitamos tener propósitos y sueños que alcanzar, por muy simples o complejos que sean. Necesitamos tener objetivos, metas, retos, ilusiones, algo que nos mueva a levantarnos cada día con fuerza y con ganas de hacer cosas. Sólo tu puedes saber qué quieres hacer y sólo de ti depende encontrar la manera de conseguirlo y hacerlo realidad.
Y
hoy, ¿Qué propósito tienes? ¿Qué vas a hacer para conseguirlo? ¿Cuándo vas a
empezar?



Que evocadora y que bonita la imagen que has descrito de ese abuelito, cada día que pasa me emocionan más las cosas más sencillas de la vida. Resulta que, al final, son las más importantes, nuestras pequeñas tareas, las cotidianas, las que hacen que la vida sea más bonita, las que provocan una sonrisa y, desde luego, las que nos ponen en marcha.
ResponderEliminarUn beso, Leticia, gracias!
Muy bonita historia! A veces el día a día es tan mecánico que nos volvemos autómatas y se nos olvidan los propósitos, los sueños, las ilusiones. Me gusta recordar que estoy aquí para disfrutar y para vivir mi vida y no para poner el piloto automático. Gracias por tus artículos, ponen las pilas a cualquiera! :) Besos
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